¡He llegado a Quinchao!
El día miércoles 26 de abril, la isla nos recibió con abundante agua del cielo, tan característica de la zona. Luego de un viaje más helado que húmedo y tras cruzar el Chacao, el canal en Dalcahue y el pueblo de Curaco de Vélez, arribamos a la comuna de Achao. Para llegar es necesario descender algunas curvas desde las cuales es posible contemplar no solo el pueblo que aparece poco a poco, si no también el mar y las sobresalientes y bellísimas islas al fondo.
Al llegar a las instalaciones que pronto se convertirían en mi nuevo hogar, recibimos junto a mis padres (quienes con tanto cariño me trasladaron y acompañaron hasta este lugar) una cálida bienvenida de parte de la familia Henríquez Reyes, dueños de casa y encargados en la obra de UCB Achao. Fueron días de armar fueguitos en la cocina a leña, presentarme a las familias de la congregación, aperar la casita con cosas que hacían falta y compartir sobremesas largas con los amigos que me recibían. La hospitalidad de Marcelo, Julia y su hijo menor, «Marquitos» como le apodan, ha sido una manta calentita para mi en esta casi primera semana chilota. Los estoy conociendo desde hace tan pocos meses pero es como si fuesen mis amigos de toda la vida y esta confianza ha hecho una hermosa diferencia.
Estos primeros días de los que les cuento estuvieron llenos de emociones encontradas, especialmente cuando ocurrió el retorno de mis padres a Temuco. Era un despegue algo violento ya que sucedió con prontitud y a un lugar lo suficientemente lejano como para extrañar verse las caras.
Chiloé, un territorio en el que nunca pensé vivir, se convierte en este punto de inflexión necesario para crecer y dar lugar a los planes de Dios en mi vida. Él ha colmado estas horas de detalles que jamás imaginé y ante eso solo experimento una gratitud que no me cabe en palabras.
Comparto fotitos aquí abajo:





Gracias por pasar por aquí y tomar tiempo para leer.
Un abrazo!!

Deja una respuesta