La calle donde vivo es silenciosa, es casi como vivir en el campo ¡hasta un vecino gallo canta a deshora!
La casa aunque parece pequeña tiene numerosas ventanas que dejan entrar al gran sol, lumbrera mayor por la mañana. El techo es alto, de vigas a la vista, las cuales convidan generoso espacio para respirar y para soñar mientras levanto mi cabeza.
En el silencio y en la quietud de esta cabaña remota, mi corazón ansioso halla reposo en Su Hacedor. En su compañía anhelo construir junto a Él una habitación de paz que ofrezca refugio para todo aquel que quiera entrar.
«En paz me acostaré y así mismo dormiré; porque solo tu Señor me haces vivir confiada» ~ Salmos 4.8

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