Bitácora.

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  • Lento.

    Semanas han pasado desde la última vez que escribí. Han ocurrido varias cosas, humanas y divinas, pero quiero mencionar solo una de ellas, que es como el telón de fondo de todo lo demás.

    Han transcurrido cerca de dos meses en isla Quinchao. Desde que llegué de Temuco, venía en modo «adáptate, busca trabajo, súmate al servicio de la congregación y en cuanto puedas, busca tu propio lugar dónde vivir». Una vez acá, me di cuenta que ese ritmo voraz que traía de la ciudad, no aplicaba en este rinconcito azul de montañas flotantes en su horizonte, todo era más lento así que «dónde fueres, haz lo que vieres».

    Me he encontrado paso a paso, hallando espacios con Dios y con las personas. Aprendiendo hábitos de contemplación y silencio en las Escrituras y en la oración. Si me lo conceden, buscando ser parte de un pedacito de la vida de quienes tengo cerca, aprendiendo sus nombres y gustos uno por uno. Sin duda no ha sido fácil, siempre he tenido la tendencia de buscar hacer todo por mi misma y con prontitud.

    Hay un extracto de algo que leí por estos días, de un libro de meditaciones (devocional) de Henri Nouwen:

    «Si seguimos escuchando con atención la voz que nos llama amados, se hace posible vivir nuestra fractura no como la confirmación de nuestro miedo de ser inútiles, sino como una oportunidad para purificar y profundizar la bendición que descansa sobre nosotros.»

    Espero en este tiempo seguir siendo enseñada por el Amor, de que soy querida y que no existe nada que apure mis pasos excepto la diligencia de conocerle a Él y descubrir la belleza y calidez de sentarme a Su mesa.

  • Palabritas del primer mes.

    Tiempo de contemplar los montes en el mar

    y de hablarle a los animales como si fuesen niños.

    Tiempo para temblar con el estruendo del diluvio nocturno

    y de abrigar con tapas las horas de sueño.

    Tiempo de trámites breves

    y calles sin semáforos.

    Tiempo de holas con extraños,

    y de indeseada verdad,

    sin maquetas,

    sin carteles

    y sin títulos,

    pero valiosa,

    más valiosa que todo lo demás.

    1 mes en el rinconcito azul.

  • Si aún las aves tienen, seguro asilo en Él.

    «Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; si por su cuerpo, cómo se vestirán ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: No siembran, ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No vales ustedes mucho más que ellas?» Palabras de Jesús en el evangelio de Mateo 6.25-26

    Estos días tuve la oportunidad de conocer en precioso humedal urbano en Curaco de Vélez, comuna que queda a 10 km de Achao.

    En el proceso de buscar oportunidades laborales, esta semana tenía planificado ir allá para dejar mi currículum y papeles extra a los servicios públicos de éste lugar. Tenía bien presente que a orillas de la costanera, en un sector en particular, se encontraba un humedal urbano de aves por lo que parte de mi breve recorrido no tenía sólo propósitos administrativos, sino que también ornitólogos, y es que aunque sea una completa ignorante en este campo, me encanta observar y oír cantos de aves de diferentes clases. Pese a que ese lunes llovía y corría ventolera, caminé decidida hasta el lugar y me instalé en unos pequeños miradores de madera para disfrutar el espectáculo: Cientos de cisnes de cuello negro, garzas, múltiples gaviotas y diversas aves que no conozco su nombre; la orilla estaba plagada de ellos, era imposible contarlos y muy difícilmente identificarlos todos. Algunos chapoteaban, otros almorzaban o simplemente nadaban o hablaban a sus amigos.

    Disfruté tanto estar allí quieta, a solas, mirando no sólo a estos animalitos, sino también el horizonte, las montañas y la pesada neblina que las cubría. Pensaba como a las aves no les faltaba nada realmente, tenían todo cuanto necesitaban dentro de su hábitat. Por mi parte y con algo de preocupación me he encontrado estos días, pensando en mi sostenimiento. Sé que no debería estar inquieta al respecto, sino descansar en el hecho de que mi pequeña existencia está en las manos del Padre celestial, Creador y sustentador de vida del cual hablaba Jesús a quienes le seguían.

    Más atesorados que las mismas aves, están los hijos y las hijas de Dios en Su corazón, ¿por qué no he de confiar?

    Cantando me despido:

    ¿Cómo podré estar triste (y preocupada),
    cómo entre sombras ir
    cómo sentirme solo
    y en el dolor vivir
    si Cristo es mi consuelo,
    mi amigo siempre fiel,
    /si aun las aves tienen
    seguro asilo en él?/

    Feliz cantando alegre,
    yo vivo siempre aquí:
    ¡si él cuida de las aves
    cuidará también de mí!

    Nunca te desalientes
    oigo al Señor decir,
    y en su palabra fiado
    hago al dolor huir.
    A Cristo paso a paso
    yo sigo sin cesar.
    Y todas sus bondades
    /por siempre me ha de dar/.

    Feliz cantando alegre,
    yo vivo siempre aquí:
    ¡si él cuida de las aves
    cuidará también de mí!

    Siempre que estoy tentado
    o que en la sombra estoy,
    más cerca de él camino
    y protegido voy.
    Si en mí la fe desmaya,
    y caigo en la ansiedad
    /tan sólo él me levanta,
    me da seguridad/.

    Feliz cantando alegre,
    yo vivo siempre aquí:
    ¡si él cuida de las aves
    cuidará también de mí!

  • Cruzando el mar: Viaje a Meulín.

    Una de los motivos de trasladarme a esta parte de Chiloé era poder entre otras cosas, acompañar a mis amigos en sus visitas a las pequeñas islas que pertenecen a la comuna de Quinchao, y en esta ocasión fue la oportunidad de Meulín.

    El viaje lo realizaríamos inicialmente el día jueves por la tarde pero por esas cosas que solo Dios sabe, un hermano en la fe, médico en Puerto Montt, Rafael, tomó la oportunidad en sus días libres de venir con nosotros junto a su hijo Ezequiel, así que los esperamos para el día viernes embarcarnos juntos a la isla.

    El tiempo nos tocó bueno ese día por lo que pudimos irnos al exterior de la lancha observando con claridad todo el viaje. Me sorprendió que cuando íbamos de camino de pronto vi numerosos tipos de aves y animalitos: Pingüinos nadando, numerosas gaviotas o otras que parecían pelícanos, todos en bandada. Me explicaron que estamos en temporada de sierras por lo que todos ellos venían a disfrutar del festín.

    Durante el fin de semana pudimos visitar a diferentes familias y para ello nos dividimos en dos equipos. Mientras Rafael se acercó junto a su hijo Ezequiel y Marcos a la casa de un adulto mayor, don Yeyo, para control médico, con Julia y Marcelo fuimos al hogar de la sra Elsa, adulta mayor la cual vive sola en el alto de un pequeño cerro. Durante nuestra visita ella nos relató de su compleja situación de salud y los contratiempos que ha tenido que experimentar en sus atenciones médicas. Pudimos descubrir que existe una deficiente cobertura de salud en la isla, en la que los adultos mayores son en muchas ocasiones los más afectados. Lo anterior genera bastante malestar entre los meulinos, quienes tampoco han observado una mejora en cuanto a esta situación.

    Junto con conocer de esta realidad, pudimos reflexionar en uno de los relatos de los evangelios, el cual esta protagonizado por una mujer que padecía de su salud (Lucas 8.40-48). Aquí descubrimos que en Jesús podemos encontrar algo más que salud física, reconciliación con Dios y de su paternidad «Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz» (48): La salvación. En medio de las disconformidades surgidas por instituciones humanas imperfectas, podemos encontrar en Jesús paz y la esperanza que nuestros corazones anhelan sin decir.

    Entre sobremesas, caminatas y devocionales nocturnos pudimos como grupo meditar sobre las necesidades sociales, sanitarias y especialmente espirituales que surgen en la isla y que al parecer, tendría en común con las demás islas vecinas.

    Este viaje a Meulín me permitió también contemplar y gozarme de la presencia de diferentes aves migratorias, entre ellas garzas y flamencos, las cuales observé de lejos mientras caminábamos a orillas de extensos humedales. Lástima no haber contado con binoculares en ese momento para mirarlos mejor. Disfrute también de la neblina matutina sobre los cerros y la quietud de las aguas, las cuales se veían bellísimas.

    Hay tanto por contemplar y tanto por atender. Dios no es indiferente, esta atento a los detalles y conoce cada nombre y cada hogar. Espero que pronto podamos regresar.

  • Primeros días cerquita del mar.

    ¡He llegado a Quinchao!

    El día miércoles 26 de abril, la isla nos recibió con abundante agua del cielo, tan característica de la zona. Luego de un viaje más helado que húmedo y tras cruzar el Chacao, el canal en Dalcahue y el pueblo de Curaco de Vélez, arribamos a la comuna de Achao. Para llegar es necesario descender algunas curvas desde las cuales es posible contemplar no solo el pueblo que aparece poco a poco, si no también el mar y las sobresalientes y bellísimas islas al fondo.

    Al llegar a las instalaciones que pronto se convertirían en mi nuevo hogar, recibimos junto a mis padres (quienes con tanto cariño me trasladaron y acompañaron hasta este lugar) una cálida bienvenida de parte de la familia Henríquez Reyes, dueños de casa y encargados en la obra de UCB Achao. Fueron días de armar fueguitos en la cocina a leña, presentarme a las familias de la congregación, aperar la casita con cosas que hacían falta y compartir sobremesas largas con los amigos que me recibían. La hospitalidad de Marcelo, Julia y su hijo menor, «Marquitos» como le apodan, ha sido una manta calentita para mi en esta casi primera semana chilota. Los estoy conociendo desde hace tan pocos meses pero es como si fuesen mis amigos de toda la vida y esta confianza ha hecho una hermosa diferencia.

    Estos primeros días de los que les cuento estuvieron llenos de emociones encontradas, especialmente cuando ocurrió el retorno de mis padres a Temuco. Era un despegue algo violento ya que sucedió con prontitud y a un lugar lo suficientemente lejano como para extrañar verse las caras.

    Chiloé, un territorio en el que nunca pensé vivir, se convierte en este punto de inflexión necesario para crecer y dar lugar a los planes de Dios en mi vida. Él ha colmado estas horas de detalles que jamás imaginé y ante eso solo experimento una gratitud que no me cabe en palabras.

    Comparto fotitos aquí abajo:

    Cruzando el Chacao.
    Mientras viajábamos.
    Recorriendo parte de la costanera achaína
    Primeras oncesitas con los amigos.

    Mi nueva mejor amiga en la nueva casita.

    Gracias por pasar por aquí y tomar tiempo para leer.

    Un abrazo!!

  • Bienvenidos a este cuadernito azul.

    ¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que muy bien.

    Te quiero dar la bienvenida a este pequeño blog en el cual iré compartiendo fragmentos de mi estadía en un pequeño rinconcito azul en el archipiélago de Chiloé, específicamente en la comuna de Quinchao.

    Será un poquito de todo:

    • Naturaleza.
    • Comiditas
    • Quizás algunos versos y un par de cuentos.
    • Sobre todo gente. Vida en comunidad junto a una pequeña congregación en la ciudad de Achao; aprendiendo de ellos y con ellos.

    El día 25 de abril inicia mi traslado, saliendo desde la ciudad de Temuco hacia Chiloé. Dios mediante el día 26 estaría llegando a tierra achaína. Cada semana compartiré por aquí un poco de mis aprendizajes y aventuras en ésta que será mi nueva casa.

    Pronto más noticias!!

    Estefi 🙂

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