Lento.

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Semanas han pasado desde la última vez que escribí. Han ocurrido varias cosas, humanas y divinas, pero quiero mencionar solo una de ellas, que es como el telón de fondo de todo lo demás.

Han transcurrido cerca de dos meses en isla Quinchao. Desde que llegué de Temuco, venía en modo «adáptate, busca trabajo, súmate al servicio de la congregación y en cuanto puedas, busca tu propio lugar dónde vivir». Una vez acá, me di cuenta que ese ritmo voraz que traía de la ciudad, no aplicaba en este rinconcito azul de montañas flotantes en su horizonte, todo era más lento así que «dónde fueres, haz lo que vieres».

Me he encontrado paso a paso, hallando espacios con Dios y con las personas. Aprendiendo hábitos de contemplación y silencio en las Escrituras y en la oración. Si me lo conceden, buscando ser parte de un pedacito de la vida de quienes tengo cerca, aprendiendo sus nombres y gustos uno por uno. Sin duda no ha sido fácil, siempre he tenido la tendencia de buscar hacer todo por mi misma y con prontitud.

Hay un extracto de algo que leí por estos días, de un libro de meditaciones (devocional) de Henri Nouwen:

«Si seguimos escuchando con atención la voz que nos llama amados, se hace posible vivir nuestra fractura no como la confirmación de nuestro miedo de ser inútiles, sino como una oportunidad para purificar y profundizar la bendición que descansa sobre nosotros.»

Espero en este tiempo seguir siendo enseñada por el Amor, de que soy querida y que no existe nada que apure mis pasos excepto la diligencia de conocerle a Él y descubrir la belleza y calidez de sentarme a Su mesa.

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● Sobre mi

Soy Estefi, la personita detrás de este blog. Abro espacio para compartir a pulso sobre mi camino de fe en medio de cambios de casa, diagnósticos tardíos y algunas contracturas.

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