Hace poco tuve la oportunidad de realizar una visita sorpresa a mi querido Temuco. Compartir tiempo con mi familia y algunos amigos queridos fue verdaderamente, mi regalo adelantado de cumpleaños. Estos días consistieron en conversaciones largas con mis padres, regalonear a mi sobrinita amada, la Leito, «mi cotina y mi vida»; visitando a familiares en Nueva Imperial y también uno de mis dos domingos, a la iglesia de Lautaro. Fue un abrazo para mi almorzar y desayunar con amigas, pero por sobre todo disfrutar de acogedoras caminatas bajo lluvia y frío. Fue una quincena de descanso pero también, de hacer una mini revisión de lo que ha sido hasta aquí mi estadía en Chiloé y qué es lo que observo en el horizonte para el tiempo que viene.
Con la ayuda nuestro buen Dios y personitas que puso en el camino, surgió la posibilidad de realizar un reemplazo por casi todo el mes de Julio en el Hospital de Achao, por lo que el día lunes 3.07 a primera hora me dirigía a la oficina de Finanzas de éste establecimiento. Sin duda ha sido una semana de inducción intensa: Aprendiendo como funcionan diferentes plataformas, el acceso a cartolas, el uso de libro de actas, los famosos «devengos» (que hasta hoy me cuesta comprender exactamente que son! jaja), las cifras exactas con sus respaldos respectivos, etcétera. Lo más bonito ha sido conocer personas nuevas, que con su alegría y buena disposición para instruirme en estos menesteres, han alivianado mi trabajo y disminuido mis ansiedades correspondientes.
Pese a que la Contabilidad es un universo completamente desconocido en mis facetas humanistas, veo en este desafío la provisión del Creador, ese que alimenta hasta los bichitos más pequeños; así como también, una ocasión para crecer como persona en toda su integralidad: Ocupacional, emocional, social y espiritualmente… ¡Dios es bueno! y respondió afirmativamente a mis accidentadas oraciones.
«Que Dios tenga misericordia y nos bendiga;
que su rostro nos sonría con favor»
Salmos 67.1

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