
Una de los motivos de trasladarme a esta parte de Chiloé era poder entre otras cosas, acompañar a mis amigos en sus visitas a las pequeñas islas que pertenecen a la comuna de Quinchao, y en esta ocasión fue la oportunidad de Meulín.
El viaje lo realizaríamos inicialmente el día jueves por la tarde pero por esas cosas que solo Dios sabe, un hermano en la fe, médico en Puerto Montt, Rafael, tomó la oportunidad en sus días libres de venir con nosotros junto a su hijo Ezequiel, así que los esperamos para el día viernes embarcarnos juntos a la isla.
El tiempo nos tocó bueno ese día por lo que pudimos irnos al exterior de la lancha observando con claridad todo el viaje. Me sorprendió que cuando íbamos de camino de pronto vi numerosos tipos de aves y animalitos: Pingüinos nadando, numerosas gaviotas o otras que parecían pelícanos, todos en bandada. Me explicaron que estamos en temporada de sierras por lo que todos ellos venían a disfrutar del festín.
Durante el fin de semana pudimos visitar a diferentes familias y para ello nos dividimos en dos equipos. Mientras Rafael se acercó junto a su hijo Ezequiel y Marcos a la casa de un adulto mayor, don Yeyo, para control médico, con Julia y Marcelo fuimos al hogar de la sra Elsa, adulta mayor la cual vive sola en el alto de un pequeño cerro. Durante nuestra visita ella nos relató de su compleja situación de salud y los contratiempos que ha tenido que experimentar en sus atenciones médicas. Pudimos descubrir que existe una deficiente cobertura de salud en la isla, en la que los adultos mayores son en muchas ocasiones los más afectados. Lo anterior genera bastante malestar entre los meulinos, quienes tampoco han observado una mejora en cuanto a esta situación.
Junto con conocer de esta realidad, pudimos reflexionar en uno de los relatos de los evangelios, el cual esta protagonizado por una mujer que padecía de su salud (Lucas 8.40-48). Aquí descubrimos que en Jesús podemos encontrar algo más que salud física, reconciliación con Dios y de su paternidad «Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz» (48): La salvación. En medio de las disconformidades surgidas por instituciones humanas imperfectas, podemos encontrar en Jesús paz y la esperanza que nuestros corazones anhelan sin decir.
Entre sobremesas, caminatas y devocionales nocturnos pudimos como grupo meditar sobre las necesidades sociales, sanitarias y especialmente espirituales que surgen en la isla y que al parecer, tendría en común con las demás islas vecinas.

Este viaje a Meulín me permitió también contemplar y gozarme de la presencia de diferentes aves migratorias, entre ellas garzas y flamencos, las cuales observé de lejos mientras caminábamos a orillas de extensos humedales. Lástima no haber contado con binoculares en ese momento para mirarlos mejor. Disfrute también de la neblina matutina sobre los cerros y la quietud de las aguas, las cuales se veían bellísimas.


Hay tanto por contemplar y tanto por atender. Dios no es indiferente, esta atento a los detalles y conoce cada nombre y cada hogar. Espero que pronto podamos regresar.

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