Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría. Solamente sé fuerte y muy valiente. Cuídate de cumplir toda la ley que Moisés Mi siervo te mandó. No te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas… ¿No te lo he ordenado Yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas». (Josué 1.6-7,9)
Me encuentro leyendo el libro de Josué, y lentamente he llegado hasta el capítulo 11.
En medio de sórdidos relatos de las campañas de Israel y de las tareas imposibles que Dios ordena al sucesor de Moisés, hay un constante: Sé fuerte y valiente. Como leemos en el pasaje, Dios juró a Israel en el pasado y en fidelidad a Sus propias palabras, ordena a Josué que vaya y conquiste las tierras que le fueron prometidas y ello, debe hacerlo en obediencia y sin titubear.
¿Era temeroso Josué? Probablemente sí (no por nada lo repite constantemente aquí y en otros pasajes). Lo que le estaba pidiendo no era menor; con todo Dios estaría con él y el pueblo, lo cual aseguraría su victoria. Y así también lo es para nosotros.
En ocasiones somos desafiados por Dios a realizar ciertas tareas las cuales seguramente preferiríamos postergar o evadir o enfrentamos circunstancias que nos perturban y nos hacen sentir tan pequeños y frágiles como una hormiga pero ¡be brave!, el Señor está con nosotros. Josué e Israel avanza, no por su fortaleza o valentía sino porque Su Dios va con ellos y por ellos. Y nosotros gozamos de un Mejor Sucesor: Cristo Jesús el cual en humilde obediencia y valentía enfrentó la batalla más retadora de la historia: Recibir en nuestro lugar la ira de Dios, limpiándonos de nuestros pecados y venciendo sobre la muerte. Apoyados en este perfecto Conquistador avanzamos en obediencia tras la Vida y la Herencia que Jesús ganó por nosotros para la gloria del Dios que prometió y cumplió.

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