Hola. Aquí estoy, escribiendo después de muchos días.
Julio y agosto han tenido de todo: Visitas a la familia y amigos en Temuco, exámenes, boda, diagnóstico, encuentros con familia de Dios que no veía hace rato, comidas ricas, idas a urgencias, etcétera…en medio de eso, he podido ser testigo de la fidelidad de Dios, de Su compañía y cuidados.
Sobre los no tan dulces. En este periodo algunas personas me han estado recordando las mismas palabras, las palabras de Pablo:
«...pero el Señor me ha dicho: «Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad.» Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mí el poder de Cristo» II Corintios 12.9
La falta de confianza, las dificultades para regular mi estrés o las diferentes situaciones de crisis física que he experimentado durante este año me recuerdan lo frágil que soy y para mi ser frágil no es fácil, es difícil y a decir verdad, rechazo con lágrimas serlo. Esta debilidad aunque completamente irritante, parece ser un recordatorio permanente de que en ella se expresará el poder del Hijo de Dios amplia y llanamente, es decir, solamente en mi debilidad, el poder de Cristo reposa sobre mí. El amor de Dios es suficiente, Él es suficiente para esta vida y la que vendrá.
Y para que este post no finalice de forma tan sad, paso a otro tópico más dulce, «el hito» del mes de julio (¡y quizás del año!) fue el matrimonio de mi mejor amiga, la Techy, en la comuna de Rengo, específicamente en un sector llamado Lo de Lobo (s)..nunca supe si era un lobo o la manada completa jaja.
Conocer a nuevos hermanos y hermanas y ser parte de una Celebración distinta (para mi) del pacto entre estos dos hijos de Dios, Israel y Ester, es algo que atesoro mucho hasta hoy.
Algunos recuerdos en fotopalabras: El tío abuelo del novio, quién oficia solemnemente la ceremonia con apuntes escritos a puño y letra. La alegría por los recién casados expresada en oraciones, lenguas, silencio y caudales de lágrimas. Los himnos y coritos lentos y sentidos que acompañaron toda la jornada. Los niños y niñas correteando de aquí para allá, sin pantallas ni consolas, sino que divirtiéndose a punta de imaginación y juguetes varios. Ver a tantas mujeres como un solo batallón: Cocinando, yendo y trayendo platos, decorando la mesa de los postres, lavando, guardando cubiertos y sirviendo agüita caliente (como diría mi papá). Tales gracias que caracterizan a la mujer chilena evangélica: Anfitriona alegre, detallista y servicial.
Estos pequeños y sencillos fragmentos me permiten meditar acerca de como la multiforme gracia de Dios se expresa en cada comunidad de fe de maneras tan diversas y únicas ¡Me encantó compartir con ambas familias y disfrutar con ellos ese día de unión! Comparto a continuación algunas fotos:



Espero pronto compartirles otras cositas, por ahora hasta acá me quedo.
Un abrazo para ti ♡

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