Nostalgia.

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Hola. Usualmente comparto por este medio actualizaciones y agrego una que otra foto para intentar entregarles una imagen más completa pero en esta oportunidad creo que no traigo mucho ni lo uno ni de lo otro.

En Quinchao estamos saliendo de unos días muy fríos y entrando en una nueva temporada de lluvias. Los días son breves y oscuros, pero con todo, allí afuera se sigue cantando a Su nombre (salmo 148).

Pasar mis días viviendo en un lugar retirado del pueblo y sin tanta compañía humana (porque la animal la tengo asegurada), me ha llevado a estar más reflexiva y ocasionalmente, más melancólica.

Hay varias cosas en las que debo pensar, orar y ocuparme para este semestre pero al mismo tiempo me pregunto…¿desea mi Padre que haga todo esto?, ¿puedo hacerlo verdaderamente? Es increíble darse cuenta que lo frenético y apesadumbrado que a veces pueden estar nuestros corazones no depende necesariamente del lugar en dónde vives, tu estilo de vida o circunstancias externas, sino de reconocer que habitamos en el hueco de la cálida mano de nuestro Creador. Puedes tener la vida más ajetreada en una gran ciudad u, optar por un estilo de vida más lento en medio de un bosque insular, pero realmente nuestro espíritu encuentra quietud al hacer un espacio en nuestro interior para Él y reconocer que Dios está aquí y que estoy en Él cada minuto.

Hay una nostalgia de Casa (no física, sino espiritual) galopando en mi corazón por estos días. No es falta de auto realización o soledad o escasez. Es un suspiro por Su presencia, es darme cuenta que Lo extraño más de lo que logro ser consciente.

En medio de nuestra agitación interna y externa Dios se abre paso…¿reconoces Su voz?. Si es así, que el Señor nos ayude a abrir la puerta y aún, las ventanas de nuestras vidas de par en par para que Él entre y tomemos once juntos.

Hay algo precioso que leí por estos días acerca de espiritualidad cristiana y quisiera compartirlo contigo:

«En la meditación (cristiana), creamos un espacio emocional y espiritual que permite a Cristo construir un santuario interior en nuestro corazón. El maravilloso versículo «He aquí que estoy a la puerta y llamo […] fue escrito originalmente para los cristianos, no para incrédulos (Ap. 3.20). Los que hemos entregado nuestras vidas a Cristo necesitamos saber que él anhela intensamente cenar y tener comunión con nosotros. La meditación abre la puerta, y su objetivo es traer esta realidad viva a nuestras vidas. Este tipo de comunión transforma la personalidad. No hay manera de dejar encendida la llama eterna del santuario interior y permanecer igual, pues el fuego divino consume todo lo impuro (…) Cada vz más, todo en nosotros girará como un puntero, indicando el polo norte del Espíritu.»

R. Foster.

Recibe el abrazo del Padre en este día.

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● Sobre mi

Soy Estefi, la personita detrás de este blog. Abro espacio para compartir a pulso sobre mi camino de fe en medio de cambios de casa, diagnósticos tardíos y algunas contracturas.

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