Pucha que ha pasado tiempo, ¡3 meses ya! Y muchas cosas han ocurrido desde esa fecha. Me ha costado tanto sentarme a escribir, pero ya es momento…
Después de 5 largos años de cuidado, recibiendo tratamiento médico, terapéutico y mucho amor de mis seres queridos y amigos, tuve en este invierno una recaída, y la depre esta vez se sintió diferente. Día a día todo se volvía un poco más gris, sintiéndome más cansada, melancólica y sin esperanza. Agradezco a las gallinas, al perro y a los gatos que me obligaban a levantarme para darles alimento. Cada ocupación, por más pequeña que fuese, me salvaron la vida en esos días. Sé que Dios, siempre Dios, estuvo detrás de cada cuarto de hora que pasaba en ese lluvioso Palqui. Estoy agradecida por mis amigos, dueños de la casa, que a distancia me obligaron a regresar a Temuco con mi familia por unos meses. No fue sino hasta cuando llegué a La «Araucamía» que fui asumiendo mi situación. Desde agosto hasta esta parte, han sido meses de recibir nuevos cuidados, amor y de comprobar como Dios me ofrece día a día una bondad tan inmensa e incondicional, bondad que de ninguna manera yo podría otorgarme a mi misma. La gracia no se gana, se recibe, por eso se llama gracia, alguien dijo por ahí. Así que aquí vamos, paso a paso sanando.
¿Y qué pasó con Chiloé? preguntarán…
Antes de todo esto que les cuento, yo ya había tomado mi decisión de retornar a Temuco y ese plan se mantiene. Dentro de poco regresaré a la isla para despedirme de personas que conocí, de amigos y de la iglesia. Tendré solo dos semanas locas para vender, donar y hacer mudanza de mis cosas.
Sin duda cada acierto y desacierto en estos dos años y medio se convertirán en valiosos aprendizajes que guardaré en mi corazón para siempre. Nunca olvidaré la bahía más hermosa de Chile.
Cariños.

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