Tiempo de contemplar los montes en el mar
y de hablarle a los animales como si fuesen niños.
Tiempo para temblar con el estruendo del diluvio nocturno
y de abrigar con tapas las horas de sueño.
Tiempo de trámites breves
y calles sin semáforos.
Tiempo de holas con extraños,
y de indeseada verdad,
sin maquetas,
sin carteles
y sin títulos,
pero valiosa,
más valiosa que todo lo demás.
1 mes en el rinconcito azul.

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